Old School of Rock: The Zimmers

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The Zimmers no es una banda cualquiera. Primero que nada para tocar acá tenes que rondar entre los 70 y los 100 años y en vez de cargar con la guitarra y los palillos, movilizarte con andadores y bastones. Estos rockeros abuelos son la nueva gran sensación en YouTube y así como los pupilos de Simmons tienen una versión del clásico de The Who, My generation. Quizás esté de más aclarar que la banda de los abuelos es de Inglaterra, que grabaron un disco en el mítico Abbey Road y hasta tienen fotos publicitarias como la clásica tapa del disco de los Beatles.

Todo surgió a través del documentalista Tim Samuels, quien se encontraba trabajando sobre la problemática que enfrentan los ancianos, muchos de ellos abandonados en geriátricos o convertidos en muebles en sus propias casas. Así entonces convocó a varios de ellos a darle un cambio a sus monótonas vidas y a cambiar el salón de bingo por un estudio de grabación.

Ahora, hablando en serio, el tema puede ser muy lindo y divertido, pero no me vengan con eso de que Samuels es un santo que piensa en los pobres viejos (“los ayudó a dar los pasos para integrarse de nuevo entre la selva de la sociedad mediante la música”) porque esto también le significa un gran negocio. No por nada el disco cuenta con colaboradores como Mike Hedges o Geoff Wonfor como director del video My Generation y hasta un documental a ser emitido este mes por la BBC que lleva el nombre de “Power to the People”.

Bien por Alf Carreta de 90 años -vocalista de The Zimmers- que dice que toda esta experiencia le ha devuelto a la vida. “Estaba estancado en la rutina y ahora me siento vivo de nuevo”, pero sobre todo bien por Samuels que se va llenar de dinero.

Los finales nunca fueron buenos

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Si hay algo que marca a una novela, ese es el final. O sea, la historia pudo haber estado genial, pero lo que va a quedar en el recuerdo va ser el desenlace. Y lamentablemente son pocos los finales con los que he quedado conforme. Porque pasa todo lo que está estipulado, lo correcto, lo que todo el mundo quiere. Dicho en otras palabras, no hay nada nuevo, no hay sorpresa.

Ya saben los lectores de este blog que me enganché con El Tiempo No Para que está transitando sus ultimas semanas. A su vez también estaba mirando otras tres novelas, dos de ellas brasileras -Cobras e Lagartos y Páginas da Vida- y una chilena -Cómplices-. Cuestión que las dos primeras las dejé de mirar hace poco más de un mes porque el servidor de cable retiró el canal Globo y la otra, Cómplices, terminó con uno de los finales más ridículos que cualquier persona que ha pasado una vida mirando novelas ha visto. Me sentí indignada, y eso que no la miraba con frecuencia.

En El Tiempo No Para se están viviendo esos capítulos donde reinan los flashbacks, que en todo caso sirven para todo aquel que se perdió parte de la historia, donde ya le vas jugando fichas de que éste se queda con ésta, que pasa esto o lo otro, en que uno le discute a la tele, le habla a los personajes como si éstos pudieran escuchar (“ni se te ocurra quedarte con ese”, “eso te pasa por boluda”, “estos se van a encamar en cualquier minuto”…). Algo así como cuando era chica y mis padres me llevaban al teatro, y nos hacían creer que no sabían lo que iba a pasar y una como boluda andaba gritando “cuidado con el lobo!” pensando que con eso podía cambiar el final de la historia.

Vienen por más…

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Esta parece ser la temporada de la reaparición y posterior reivindicación de algunos de los actores más “importantes” de los ´80. Kiefer Sutherland con 24, Emilio Estevez en faceta de director – su película Bobby ha recibido excelentes críticas-,Anthony Michael Hall con The Dead Zone, Charlie Sheeny Jon Cryer con Two and a Half Men, Diane Lane con Infidelidad, la locura Demi Moore si se quiere…
Matt Dillon por ejemplo, es uno de esos actores que ha tenido grandes paréntesis en su carrera y donde uno no termina de entender si se debe a que de repente acepta cualquier papel porque se farreó toda la plata o simplemente no sabe elegir los guiones adecuados.
Dillon es uno de esos pocos actores “jóvenes” que cada tanto logran interpretar personajes que quedan en la memoria. El marginal Dallas en The Outsiders, el rebelde de Rebel, Cliff, el grunge del que me enamoré pérdidamente en Singles,Tommy en Beautiful Girls y el buenudazo de Larry en To Die For son sin duda mis favoritos.
Anoche me sorprendí al verlo siendo premiado en el Festival de San Sebastian -premiación bizarra si las hay- pero ahora que lo pienso creo que justamente por esos gratos momentos de lucidez creativa Dillon se tiene bien merecido el Donostia. Así que esperemos dentro de la brevedad poder ver su más reciente inspiración en Factotum donde interpreta al escritor Charles Bukowski.

MTV: Querer es poder

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Para MTV todo es posible. Y no sería un mal mensaje (pensando de quién viene) si no fuese por la clase de “ambiciones” que desde ahí se incentivan.

Es sabido que la programación del canal está cada vez más abocada a mostrar la vida de personas totalmente ajenas a la música, como modelos descerebrados, chicos adinerados o gente que anhela ser lo que no es (que a fin de cuentas es lo que termina incentivando la línea editorial de MTV).

Obviamente no hay que descartar el hecho de que quiénes acuden a estos programas, tales como Made o Quiero una cara famosa, tienen un grave problema de autoestima, sobre todo este último, donde pretenden ser lo que no son ni van a ser.

En algunas oportunidades, entre zappings interminables, he caído en pedazos de algunos de éstos programas que confieso, en la mayoría de los casos, termino mirando hasta el final tal vez en busca de entender algo que directamente no tiene explicación.

Quiero ser

De los casos que me tocó ver, en su mayoría son chicas en etapa de “preparatoria”, esas que toda la vida pasaron desapercibidas frente al resto, hasta el día que acuden a MTV para cambiar “radicalmente” el curso de sus vidas (“la vida después de Made”).

Una chica tímida y medio tonta que nada sabe de música, salvo que le gusta Liz Phair, y otra que de un día para el otro ya se juraba Courtney Love, contaron con la ayuda de músicos (que jamás vi en mi vida) y que mucho saben de los estamentos que se requieren para ser una estrella, por ejemplo: cambiar de actitud, ponerte remeras “heavys”, redecorar tu habitación, hacer un casting de músicos en tu escuela, escribir una canción personal en la que expongas tus trapitos al sol y claro está, cambiar el look.

Con todo esto ambas chicas salieron, 1º y 2º lugar en el concurso de talentos de la escuela.

Luego una chica darky, que se creía Daria, y que era odiada por lo odiosa que era con toda la escuela pero aún así su sueño era convertirse en la reina del baile de graduación.

Así que, MTV mediante, cambiaron a la chica Daria por una niña que a los pocos días cocinaba galletitas para conseguir votos, dejó las remeras negras y mechones desteñidos por ropa de tonos rosa y tacos. ¿El final?. No creo que sea necesario contarlo.

Quiero una cara famosa

Se supone que el programa está basado en casos de personas que están por operarse y a las que se les pide permiso para documentarlo y fueron dos los que me llamaron la atención.

1) Una chica quería operarse porque al chico que le gustaba estaba enamorado de Carmen Electra. Ella decide operarse para aumentar las posibilidades de que él le pida ser su novia. Lo más tremendo de todo, fue ver la preocupación del chico en cuestión, quien esperaba a la chica mirando ansioso fotos de Carmen Electra.

2) Un travesti que quería ser Jennifer López. O sea… imagínense, un hombre (porque a pesar de tomar hormonas mantenía la misma contextura física) casi anoréxico y extremadamente alto, que más que parecerse a López, se parecia a Marilyn Manson.

El procedimiento: achicarse la frente, ponerse pómulos, tetas, culo… o sea, hacerse de nuevo… ¿y todo para qué?… para NO parecerse NI remotamente a Jennifer López, a pesar de que su cirujano plástico le hiciera creer lo contrario.

¡Terrible!