Mujercitas Terror

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Viernes 23.40, suena el teléfono.- Hola, Andy… ¿Qué estas haciendo? – pregunta Daniela.
– Esperándote.
– Recién llegamos, esto es un quilombo.
– ¿Qué hacen?.
– Y nada… nos quedamos acá.
– Voy para allá.
– Te esperamos.
Lista para salir se larga una inoportuna tormenta de verano pero en primavera, aunque cuando llego a la calle veo que sólo queda una ligera llovizna.Camino al mismo paso de siempre, rápido como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas siempre temeroso de llegar tarde. En la esquina de 5 y 49 veo gente, pero sólo me fijo en dos figuras de envidiable cabellera Burtoniana. El alto, entra al local, la otra se aleja entre la oscuridad. Apuro el paso y la veo sentarse en la entrada de un local. Sonreímos. Le digo que“vine a la velocidad de un rayo”, ella ríe mientras se para y nos abrazamos.
“Te trajimos un regalo” dice buscando algo en la cartera y cuando lo veo me siento como una niña a la que después de tanto tiempo portándose bien, finalmente deciden premiarla con eso que hacía tanto pedía. Diez canciones comprimidas en un precioso CD, el primero de Mujercitas Terror. La felicidad existe, pienso. Al poco rato aparece Marcelo harto de esperar a que los heavys de la matiné se retiren a sus respectivos asilos. Entramos al extraño bar donde aún existe el sótano saturado a humedad, óxido y tóxico(?).
No hay nada listo y esto va para rato. Con Daniela ocupamos una mesita en la que nos acomodamos mientras un Helldorado ofrece suficiente bebida para la velada. Daniela termina el flyer de una fiesta por la Noche de los Muertos que comenzó a dibujar en el colectivo, me cuenta algunos pormenores del disco, del fiel seguidor que ahora es parte de Mujercitas Terror, del viaje a Tucumán el próximo Viernes…
Hablamos y me doy cuenta que en realidad compartimos muchas más cosas de las que creía. No sé por qué, pero esa cierta complicidad me hace sentir aún más contenta que hace un rato.Por momentos Marcelo, que va y viene de allá para acá, aporta con sus críticas contra el rock nacional de fondo. La noche parece larga…
“Probemos sonido ahora así van a tener que apagar esa música de mierda”. Cuatro horas después, Mujercitas Terror sube a tocar…
Eran cerca de las 5A.M. El lugar, MUERTO hasta ese momento, dio sus primeros signos de vida. De la nada apareció gente que antes no estaba, los dormidos se despertaron, los borrachos siguieron borrachos y los corazones aburridos y las especies menos aceptadas se unieron al montoncito que bailó hasta las 6hs.
Ellos insisten con que la fiesta no les pertenece…

Rock nena: Mujercitas Terror & El mató a un Policía Motorizado

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Tipo 1, después de pensarlo varias veces, entre si quedarme en La Plata o ir a Capital a ver a Peyotes, caí en 55, 6 y 7 para ver por segundo sábado consecutivo a Mujercitas Terror en lo que sería su primer gig en La Plata, invitados por Él Mató a un Policía Motorizado.

El lugar (local de MST), era el segundo piso de una gran casona en el centro de la ciudad, totalmente vacía, con piso de madera y varias habitaciones vacías. En la destinada para el show, apenas cinco personas entre ellos los Mujercitas (esta vez con baterista) probando sonido.

Saludos de por medio, comentarios para ponerse al día de lo sucedido en la semana y la amiga Nenet que llega para comenzar con la cerveceada(?) (que de hecho había comenzado previamente en casa).

Cerveza en mano y de regreso al roompartyroom, el Nene ya destrozaba micrófono, oídos y amplificadores con la compañía de Daniela Zhara (M.T.) con esa hermosa y bizarra cajita musical. Más cervezas y el lugar ya estaba copado.

Tipo 02.30hs, Mujercitas Terror tomó posesión del rincón de la casa, donde una enorme muñeca de espuma colgaba desnuda de una escalera. En un segundo todo el lugar se vio invadido por bailes esquizofrénicos motivados por la particular voz de Marcelo, que además de desplegar energía con simples movimientos, emanaba junto a Daniela (bajo y voz) la sensualidad de cada tema, transportándote adonde sea y con quien sea. Lejos me sacaron las ganas del show anterior donde apenas tocaron 5 temas. Fue alrededor de hora o más de puro descontrol. Sin duda el súper hit desayuno de campeones y el baile desquiciado gentileza de pájaros descuartizados.
Pequeño break para comentarios entre copas (“Tenemos que sacar un disco”, definitivamente,“hay que volver a La Plata que rockea mal!”(?), “están todos locos”).

Comienza El Mató a un Policía Motorizado. No cabe un alfiler ahí adentro. Al primer punteo de guitarra la gente se disipa entre saltos, bailes, agite de cabezas y golpea los pies contra el piso.
Es imposible no dejarte llevar por la marea, y en esa imposibilidad, ya sea de que la “masa” te lleve a moverte y te impide mantenerte quieto, entre zamarreos ruteros (?) perdí un zapato (op!) –sensación nada linda- y al no dar con su paradero debí recurrir a la ayuda del gran Chango (bajo – voz de El Mató), quien al instante recuperó ese accesorio que le devolvió sentido a mi vida (!?) – chango, ídolo!-.
Cover de Flema incluido, agite, gente tirada en el piso. Nadie quería estar en otro lugar que no fuese ese, ningún otro rincón, aunque amontonados y empañados, pero presenciando ese que, en mi opinión, ha sido de los mejores recitales de lo que va del año. Lo cual me hizo plantear si podía ser cierto tal comentario sobre si el El Mató es o no la banda del momento, porque después de un recital como estos da para preguntárselo y sobre todo, no asombrarse con la respuesta.

Primavera con Estelares y Sergio Pángaro

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Año a año, la primavera trae consigo hojas de tilo, insectos y feas bandas que religiosamente son traídas por la Municipalidad de La Plata, convirtiendo este día en un acto de proselitismo al rock chabón con mucho choripán y ruidos molestos.

Por suerte esto ha ido cambiando en el último tiempo, al menos en lo que respecta a pequeños nuevos espacios “alternativo” a públicos más reducidos.

Así fue como Radio Universidad organizó una serie de conciertos a beneficio de tres Hogares y en conmemoración por los 100 años de educación libre y gratuita. Parte del festejo consistió en tres amenas noches en el Auditorio Federico Moura del Pasaje Dardo Rocha donde tocaron Estelares, Sergio Pángaro & Baccarat y Litto Nebbia y La Luz.

Primero fue el turno de Estelares, a sala llena y con un público eufórico. Tan expectante que no aguantaba el culo quieto en las sillas. Con chicas vueltas locas, que se movían como en pleno ataque de epilepsia, sacándose la ropa e incluso haciéndole reverencias a Manuel Moretti.

América, De la Hoya, El corazón sobre todo, La Coupe Roja, La Habitación, además de temas “nuevos” pero que en realidad ya son conocidos por todos como Aire y Polki.

Ya el miércoles, también a las 21, con menos gente que el dí­a anterior y con un público que iba desde niños a gente “grande” / de “caretas a berretas”, Sergio Pángaro & Baccarat.

Como de costumbre entretuvo con sus canciones y con esa impronta digna de un croner, que con su mera  presencia impide que le quites la mirada de encima.

Capaz de pasar de tema a lo soprano italiano al agudo pop-gay de una canción a lo Erasure con clásicos como I Like Chopin de Gazebo, Just a gigoloFloresArrivederci RomaTequilaBoogaloo (con el ya clásico baile espasmódico que lo lanza debajo del escenario, lo hacen arrastrarse o patinar por el piso de madera), Lluvia DoradaSuave Swing y varios temas nuevos que serán parte del cuarto disco de Baccarat.

Dos grandes noches a las que se le sumarán, La Pequeña Orquesta Reicidentes con la presentación de Traje (esta noche) y Pez el domingo…

Septiembre una vez más.

Placebo: Llegaron, pasaron y se fueron

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La ansiedad acumulada de varios dí­as tuvo su punto culmine el 4 de abril, cuando las horas y los minutos que restaban para ver a Placebo en vivo parecían detenidos. Ni hablar del trayecto en tren de La Plata a Buenos Aires, más el subte y sus eternas conexiones.

Una vez en el Luna Park sentí que explotaría de la emoción. Habí­a mucho ajetreo y griterí­o, más por parte de la seguridad que de los asistentes. Nos cacheaban como si estuviésemos a punto de entrar al servicio militar. “No se queden ahí­ parados”, gritaba un viejo mala onda.

Ya adentro del lugar, terminaba Interama el grupo soporte. Eran tipo 21 hrs y el tiempo parecía congelado. La angustia crecía con el griterío de la multitud, que apenas veía a alguien en escena se lanzaban en avalancha contra las gradas, como si el propio Molko estuviese ahí, afinando su guitarra.

Seguía la música de espera, las pantallas gigantes que recordaban que estábamos festejando el primer cumpleaños de Radio Kabul. Mientras, mi frustrante intento por conseguir una buena ubicación seguía en nada. Hasta que se apagaron las luces y los empujones, gritos e histeria se pusieron peor. El escenario se volvió azul y de a uno, comenzaron a salir Steven, Brian y Stefan, al unísono de Taste in men.

Apenas hubieron palabras de por medio, Brian habló primero. Sencillo. El tí­pico buenas noches y algo más. Lo mejor vino cuando Stefan (bajista) deslumbró con su español y dijo al final “esta es nuestra primera vez en Argentina, pero no la será última”.

Más tarde vino el pedido de Molko para que la gente se echara hacia atrás porque “no sería divertido terminar en el hospital”. Pero la verdad es que por más que aplaudieron mucho, las palabras fueron en vano porque los violentos siguieron masacrando a los que estaban adelante (punto negativo del show).

Tema tras tema, siguieron The bitter end, Every me, every you, Protect Me (con un final de armónica impresionante), This Picture, Black eyed, Special needs, I do, Without you i´m nothing, 36º Degrees (en versión lenta), English summer rain (con sintetizador y enganche final de un tema de Neil Young) y Pure Morning. Los bises: 20 years, Teenage Angst y Nancy boy.

Muchos “I love you Brian”, tanto de chicos como de chicas, que eran respondidos por negativas (dedito en el aire) por parte del siempre sonriente Molko que si bien no habló mucho, nunca dejó de desbandar simpatía y ese carisma que lo caracterizan como líder. Aunque la perla de la noche fue Stefan, que con su baile y despliegue escénico, sumado a las frases en español, me conquistaron.

Fue casi una hora y media pero parecieron veinte minutos.

Queda el consuelo de que, volverán pronto. Ojalá así sea y con más temas y no sólo hits.

15 minutos en los que Francisco Bochatón nos hizo felices

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Hace un par de noches atrás, durante el concierto de Rosal, se apareció Francisco Bochatón (Los Peligrosos Gorriones), un absoluto referente de creatividad, poesí­a y por qué no, responsable de tantos momentos de alegría y emoción en los ´90.

Cuando el show de Rosal terminó, nuestro icono decidió subir al escenario. Cosa que sorprendió a todos.

Con un par de copitas de más, Bochatón se plantó en el escenario y tras enchufar la guitarra dijo: “vamos hacer un homenaje”.

Y así fue, pasaron Palo Pandolfo, Virus, The Smiths e incluso un clásico de Peligrosos Gorriones que arrancó más de un lagrimón.

Lo cierto amig@s es que cuando se es un genio, la genialidad no se diluye ni con un vaso ni con diez. La potencia, la vibra y la creatividad estuvo ahí. Fueron 15 minutos de nostalgia y emoción.