¿Necesitamos un libro como Paradais?

“¡Y todo para enterrarle el fierro a una vieja! Como si una vil panocha justificara todo ese esfuerzo, toda esa energía, la hecatombe que tendría lugar, el apocalipsis de sus vidas, todo arrasado por un maldito coño que era exactamente igual a cualquier otro: un hueco negro, baboso, lamoso, hediondo a ciénaga podrida.”

¿POR QUÉ ES DIFÍCIL DE LEER PARADAIS?

No quedan dudas de la maestría y talento de Fernanda Melchor a la hora de demostrar con gran naturalidad la oralidad popular de un México desigual y retratar dos mundos opuestos, la pobreza y la opulencia desde la mente de los victimarios, Polo y Franco, personajes marginales llenos de violencia, odio y rencor que dan lugar a la obsesión.

Para Melchor, Paradais fue la oportunidad de ponerse a pensar en cómo el deseo se puede tornar en algo tan oscuro y cómo está ligado a la agresión y la mente, y cómo se vuelve patológico. En la novela la narración desde la mente de los victimarios y el tono de esas voces violentas y obsesivas no dan respiro, y esa sensación de incomodidad es la que te hace cuestionar si seguir o no. Todo indica que nada va a terminar bien.

LOS PERSONAJES

Paradais, es el nombre de un condominio de casas donde vive gente bien. Ahí trabaja Polo, un joven pobre que vive con su mamá y prima, detesta la opulencia de esos parasitos de Paradais a los que les tiene que cortar el pasto y preferiría vivir de la ilegalidad como su primo Milton.

Franco Andrade, el Gordo, es un parasito que subsiste a expensas de sus abuelos y nunca le ha trabajado un peso a nadie. Vive en Paradais y se dedica a fantasear con la señora Marián, la nueva vecina que llega al condominio con su marido e hijos. Su único objetivo es cogérsela. Por las buenas o las malas. Y confabula con Polo para entrar a robar a su casa como excusa para violarla.

Como ven, no es nada fácil. Son personajes que viven en la marginación ya sea Polo en un pueblo de narcos o el Gordo, con carencias afectivas. Concentra el retrato de la desigualdad que genera odio y rencor en todas las clases sociales y está poblado de violencia machista de principio a fin. Paradais es un retrato duro y crudo que abre el debate sobre si es necesario o no, lecturas desde el punto de vista de quienes abusan, violan y matan.

“¿Por qué tenemos que soportar tanto sufrimiento?”

“¿Cuál era el sentido de una vida que solo consistía en dolor?” Desde que había regresado a Corea del Norte, solo había experimentado crueldad, hambre y desesperación”.

Masaji Ishikawa, de mamá japonesa y papá coreano, tenía 13 años cuando en 1958 Kim Il-sung lideró una campaña propagandística para que coreanos que vivían en Japón emigraran a Corea del Norte. El plan de “repatriación” disfrazada de acción humanitaria, tenía como única finalidad disponer de peones que permitieran la reconstrucción de un país dividido por la guerra. 

Convencido por toda la propaganda de un futuro mejor en un país donde tendrían vivienda, educación y trabajo garantizado, el papá de Masaji -que había llegado a Japón durante el imperio japonés como mano de obra esclava-, decidió emigrar con toda la familia a Corea del Norte.

Pronto descubrieron que el paraíso prometido no existía, pues como “retornados” eran tratados como la casta más baja de la sociedad.

“Si eras inteligente y tu cuna y tu pasado eran lo bastante buenos, te mandaban a la universidad. Si eras físicamente fuerte, ibas a la academia militar. Al resto los mandaban como obreros. El factor importante no era el esfuerzo sino tu casta. Tu vida entera quedaba determinada por la casta a la que te asignaban”. 

Durante 36 años Ishikawa vivió bajo condiciones deplorables, experimentó el sufrimiento, la crueldad y la desesperación que lo obligaron a huir y contar su historia. Un rio en la oscuridad, memorias editadas el año pasado por Capitán Swing, son el manifiesto del dolor de quien permanece oculto en algún lugar de Japón, bajo un nombre falso, esperando reencontrarse algún día con sus hijos y nietos.

Un rio en la oscuridad – Masaji Ishikawa

Los monstruos en las películas somos nosotros

John Carpenter, el maestro de las películas de terror, dice que los monstruos son la expresión de nuestras partes más peligrosas, viciosas y crueles. Qué en verdad los monstruos están ahí afuera y somos nosotros. La Llorona es un poco eso, porque nos muestra la historia de un país (y podría ser la de toda Latinoamérica) marcado por un pasado sangriento y doloroso que al día de hoy sigue causándonos horror.

Enrique Monteverde, personaje inspirado en el dictador Efraín Ríos Montt.

Durante la guerra civil de Guatemala el dictador Efraín Ríos Montt, quien fue jefe de estado entre 1982 y 1983, llevó adelante la masacre de decenas de miles de campesinos mayas, acusados de pertenecer a la guerrilla marxista. Mucho tiempo después tuvo un juicio sin castigo. Idéntico es lo que ocurre en La Llorona, donde Enrique Monteverde, quien estuvo frente al genocidio, vive con su conciencia tranquila mientras lo escrachan a diario desde la vereda de su casa, con gente gritándole asesino mientras le tiran con piedras, panfletos con fotos de desaparecidos y bolsas con sangre de vaca. Nada de esto parece perturbarlo, ni a él, ni a su familia privilegiada, que se echa al sol en el jardín y practica yoga al son de las protestas.

Entremedio Enrique Monteverde, este hombre senil al que su nieta googlea en internet para saber si lo que dicen de él es cierto, no puede dormir escuchando los llantos y lamentos que se intensifican con la llegada de Alma, una joven indígena que le recuerda sus días “de gloria”.

Las mujeres Monteverde.

Todo en La Llorona está circundado por los fantasmas políticos del pasado pero también por cómo las mujeres son perseguidas por los hombres y tomadas como objetos sexuales. “Quería usar La Llorona para decir ‘¡Basta de eso!’”, comenta en una entrevista el director y co-guionista de la película, Jayro Bustamente.

Porque todas esas mujeres que vieron la cara más horrorosa del ser humano, forzadas inclusive a callar y matar, son las que tomadas de las manos, entre susurros y rezos, ruegan por justicia y por qué no, venganza. Es lo que hace de La Llorona una obra maestra, imprescindible para cualquier amante del cine.

Memorias para olvidar

A los 13 años V conoce a G, de 50. Él, sin una pizca de pudor por los 37 años que los separa, le declara su amor por medio de cartas secretas subidas de tono que conquistan a una pre-adolescente carente de amor. Nadie, en su familia ni dentro del círculo de G, hicieron algún aporte de cordura y sensatez para impedir la relación que duró más de dos años.

Esto que suena a película de Gaspar Noé, es parte de lo que cuenta en sus memorias V, alias Vanessa Springora y de la relación que mantuvo con Gabriel Matzneff, reconocido escritor francés a quien conoció a fines de los ’90 en una cena organizada por su mamá (sí, ¡la mamá de V!) que trabajaba en Gallinard, la editorial de Matzneff. Y aunque nos revuelve el estómago tan solo imaginar a una niña con un viejo, el lanzamiento de “El Consentimiento” en Francia causó más revuelo por cuestionar si era posible juzgar “modas de otros tiempos” bajo los ojos de hoy que por lo anterior.

Pensemos que en Francia, las banderas con los slogans de “prohibido prohibir” y “disfrutar sin límites” que se levantaron durante la revolución de mayo del ’68, dieron lugar a consecuencias nefastas como la “libertad” a los pedófilos, que con su caradurismo, intentaron hacer creer que sus prácticas eran simplemente una orientación sexual. Esto incluso permitió que grandes intelectuales como Jean Paul Satre, Roland Barthes, Simone de Beauvoir y Gilles Deleuze, apoyaran y pidieran la excarcelación de tres hombres acusados de tener relaciones sexuales con menores de edad a través de una carta abierta firmada por el propio Matzneff.

Conocido por sus prácticas y celebrado públicamente por sus contemporáneos, Matzneff se nutría de las relaciones simultáneas que mantenía tanto con Vanessa como con otras adolescentes y chicos menores de 11 años para su obra. Fue premiado en el 2013 por una recopilación de sus ensayos filosóficos, vive hoy en un departamento donado por la Municipalidad de París y cobra una jubilación del gobierno francés. En resumidas palabras, como leí por ahí, “El Consentimiento” resulta un repaso histórico por la tolerancia a la pedofilia en Francia. Increíble.

La narrativa como arma

Olga es polaca, feminista, vegetariana y ecologista. Tiene un envidiable conocimiento del cosmos y como fue psicóloga dice que su literatura es un puente que une ambos mundos.

Cuando era chica imaginaba que el ruido que escuchaba en la vieja radio de su mamá, al fallar las antenas entre Praga y Nueva York, eran agujeros negros y que de alguna forma, podía escuchar información importante de diferentes sistemas solares y galaxias.

En el 2019 ganó el Premio Nobel de Literatura por ser dueña de una “imaginación narrativa que con pasión enciclopédica representa el cruce de fronteras como una forma de vida”.

Algunos han calificado su obra como metafísica, lo cual suena bastante bien para los efectos comerciales de las editoriales pero muy pobre en cuanto a lo que realmente son. Porque Tokarczuk se pasea por todos los géneros, distintos tonos y nos sumerge en un trance.

“Sobre los huesos de los muertos”, es la primer novela que leo de Olga. La protagonista, Janina Duszejko, es defensora de los animales y la naturaleza, aficionada a William Blake y a la astrología (a quien conoce le pregunta su fecha y hora de nacimiento ya que según dice, esa es la verdadera llave para entender al hombre). Un vecino, ahogado por un hueso de ciervo que le atraviesa la tráquea mientras cena, es el detonante de una serie de misteriosas muertes con un denominador común: todas las víctimas eran conocidas por sus prácticas de caza.

A diferencia de la policía y los demás pobladores, Duszejko es la única que cuestiona la relación abusiva de los humanos con los animales y plantea la teoría de la venganza. Y en ese sentido, Sobre los huesos de los muertos, va mucho más allá de centrar su narrativa en torno a quién es el asesino pues como bien plantea Olga Tozarczuk “sería un desperdicio de papel y de tiempo”. La novela es en cambio una oportunidad para poner en discusión la avaricia, los derechos de los animales y la falta de respeto a la naturaleza simplificando el mundo en un objeto que se puede cortar en pedazos, agotar y destruir.

El fenómeno Tecnobrega

El fenómeno antes bastardeado, forma parte de una contracultura que crece sin la ayuda de sellos o multinacionales y que será el gran destacado del evento más importante de la escena electrónica contemporánea.

Techno cheesytechno kitsch o incluso tecno flaite podrían ser algunas de las variables al término “Tecnobrega”, pero ninguna trasmitiría la real esencia de este género musical que crece, y se expande, a los márgenes de la industria cultural tradicional brasilera. Continue reading →

Active Child – You are all I see (2011)

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Active Child at KEXP Studios in Seattle.

Con cualidades casi canónicas y con un estilo de música coral y sonido pop, Pat Grossi, el niño del coro de la iglesia de Philadelphia más conocido como Active Child, regresa con un disco que combina la divinidad de su voz con la oscuridad de sus letras.

Si bien sus confesas influencias van desde Tears for Fears a The Knife, el influjo de sus días de choir boy son innegables. Con apenas 9 años, e incentivado por el director de su colegio, Pat convenció a su madre de que lo llevara a una audición del Philadelphia Boys Choir, coro que no sólo abrió sus ojos al mundo, sino que definió su estilo. Continue reading →

Escucha el disco de Big Nils

Big-Nils
Hoy se está hablando mucho de Sonic Youth por su regreso a Chile, pero la verdad es que ya no sorprende la noticia -esto de los festivales se va acercando cada vez más al decadente Festival de Viña-. Lo que sí quería compartir no es mi desilusión sino el disco de Big Nils, la banda de Coco Gordon Moore, hija de Thurston y Kim.
Sibling me recuerda demasiado esa sensación que tuve al escuchar a Sonic Youth por primera vez, hasta me dio un pequeño escalofrío con el parecido de la voz de Coco con la de Kim, fue como un deja vú. De verdad es como viajar en el tiempo.
Se ve que Coco es fan de sus papás porque es evidente la influencia de Evol en el debut de Big Nils.

Gil Scott Heron (1946 – 2011)

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“La vida y carrera de Scott-Heron fue un poco como sus famosas letras, un artista que revolucionó la música negra. Scott-Heron nunca fue una celebridad o popular. Nunca apareció demasiado en la televisión. Pero sus poesías musicalizadas, sus retratos realistas y contundentes de las dificultades del gueto, hicieron de él un reconocido pionero del rap. Sin olvidar que sus canciones fueron sampleadas hasta el cansancio por artistas hip hop, desde Kanye West a De La Soul, y de Common a 2Pac.”

Jamie Byng editor de Gil Scott Heron.